Padre Huidobro. Héroe de almas legionarias
Hace algo más de ciento veinte años nació en Santander Fernando Huidobro Polanco. Aquel joven inquieto, de gran espiritualidad, jamás hubiera imaginado el trepidante camino de su vida, que ahora recorre sus mejores etapas. De la Compañía de Jesús a las trincheras de la Guerra Civil Española, el padre Huidobro cayó muerto en la contienda, y pocos son los que conocen las virtudes heroicas de este Siervo de Dios.
Fernando Huidobro Polanco nació en marzo de 1903, cuando a los niños se les bautizaba apenas un día después del parto. Sexto hijo en una familia de nueve hermanos, Fernando pronto recibió la Comunión y antes incluso la Confirmación. La Iglesia llevaba entonces otros tiempos. El clima religioso era tal que Ignacio, uno de sus hermanos mayores, pronto se alistó en la Compañía de Jesús, y dos de sus hermanas hicieron lo propio con las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús.
Fue residiendo en Les Avins, Bélgica, cuando arrancó la Guerra Civil en España y Fernando Huidobro SJ llamó a su superior. El General de la Compañía se quedó asombrado de su determinación por acudir al frente para atender espiritualmente a todos sus compatriotas. Pero no pudo frenar su vocación. Pegarse a los altares entonces significó pegarse a las trincheras. Empeñado en atender a los más necesitados de entre los necesitados, el jesuita intentó acceder a la zona republicana, siendo finalmente imposible. Así, tras su llegada a España en septiembre de 1936, el padre Fernando fue enviado a Talavera como capellán de la IV Bandera del Tercio de la Legión. De su pecho entonces colgó el Cristo de Lepanto.
El viernes 19 de julio, a las 20.30 horas, se procederá al traslado de los restos mortales del padre Fernando Huidobro Polanco, SJ (1903-1937), Capellán de la VI Bandera ‘Cristo de Lepanto’, muerto en acción de guerra el 11 de Abril de 1937, con apenas treinta y cuatro años y mientras atendía a un legionario herido en la Cuesta de las Perdices, cerca de Aravaca, el capellán legionario muerto en el frente cuya causa de beatificación está en curso para depositarlos en su nueva sepultura, que estará situada en el claustro de la iglesia de San Francisco de Borja (calle Serrano, 104 /Madrid).
Como un pequeño y grandioso relato que pude leer, que queda impactado en el corazón de todo Caballero Legionario (héroe de almas legionarias y protector espiritual de hermanos, de uno u otro bando, enfrentados por el odio y la sinrazón de la guerra) donde se destaca en la gran obra del libro de Emilio Domínguez Díaz: “Padre Huidobro. Héroe de almas legionarias”, en un presente que infamemente presume de alabar a villanos mientras vilipendia las gestas de los que dieron su vida por España.
Los caídos de cualquier guerra y cualquier bando merecen el respeto que otorgan los campos de batalla, no la sesgada y dirigida opinión del historiador de turno. No todo vale en el intento de emponzoñar el glorioso adiós de héroes como el padre Huidobro que expresó: «Creo que Dios ha aceptado el ofrecimiento de mi vida por los legionarios. Está la necesidad de morir para dar fruto.»
Rafael Leopoldo AGUILERA MARTÍNEZ
