Pasarela de ruidos y suspiros
El horizonte más o menos próximo de las elecciones municipales concita, en la izquierda almeriense, una singular pulsión asociativa que se manifiesta en la creación de plataformas, agrupaciones, observatorios o cualquier tipo de colectivo vecinal que tienen como único denominador común la famosa aspiración shakesperiana al ruido y a la furia, aunque generalmente la cosa no llega ni a lo uno ni a lo otro. La última, en su acepción de “más reciente”, demostración de lo que digo está en la creación de una plataforma vecinal contra la anunciada demolición de una insustancial pasarela en el barrio de Pescadería, reconvertida ahora en puente de suspiros y añoranzas.
La argumentación es la habitual en estos casos: que si “puesta en valor”, que si “seña de identidad”, etcétera, evitando –al menos por ahora- recurrir al tema patrimonial y artístico, supongo que para no provocar la hilaridad generalizada. Pero no es la pasarela; es la excusa. Se trata de buscar un pretexto que pueda revestirse de símbolo cultural para unificar criterios contra quien corresponda. Pero no se confundan. De haber anunciado elAyuntamiento su intención de mantener la pasarela y no incluirla en la reforma anunciada, habrían saltado voces (probablemente las mismas) exigiendo más atención municipal y reclamando la demolición del mamotreto para modernizar la zona. Pero aquí nos conocemos todos. Y así, algunos medios que ignoraron o relegaron la cercana protesta vecinal por un centro de Salud en la Casa del Mar no dudan en enviar ahora cámaras a la pasarela para hacer estupendos reportajes. Estamos una vez más ante uno de esos curiosos casos de descubrimiento sobrevenido de la utilidad o hermosura de las cosas.
Ya sólo queda, para completar el menú habitual, un performance de rapsodia y guitarra del tipo “Pasarela, ay pasarela / sin ti mi vida vuela”. Al tiempo.

-José Fernández-
