Presos de la burbuja separatista
Durante el reciente episodio consultivo escocés no recuerdo haber visto ningún tipo de apelación o campaña para reducir o eliminar la compra de whisky o cualquier otro producto de origen escocés, como su apreciable salmón o, ya puestos, las riquísimas y contundentes “shortbreads”. Los que se empeñaban en buscar las similitudes en ambos casos para, de ese modo, facilitar o dar carta de naturaleza a un referéndum que propiciase la independencia, no sólo se olvidaban de señalar la gran diferencia de niveles de autonomía existentes a favor de Cataluña sino, sobre todo, de toda la carga de cerrilidad y de saña y de furia con la que el asunto catalán se ha tratado, a diferencia del mucho más civilizado y sereno, aunque también innecesario, caso escocés.
Lo digo porque una Navidad más comienzan a pulular por las redes sociales las invitaciones a dejar de adquirir cava catalán como modo de protesta económica ante la rústica contumacia del mensaje separatista. Me había propuesto no escribir nada sobre este tema, no sólo por tener asumida desde hace ya mucho tiempo mi preferencia personal por bebidas similares aunque de procedencia realmente extranjera, sino porque todo esto me parece un asunto aburridísimo. Sin embargo, la reciente petición de los independentistas de que los propios catalanes no consuman una de las marcas más populares de este vino, tras la emisión del tradicional anuncio navideño (protagonizado por el almeriense Bisbal) en el que se apela a la unidad y a la concordia, me ha hecho cambiar de planes.
Presos de su enloquecida burbuja independentista, los montaraces del separatismo han anunciado que ellos no consumirán esa marca, a la que acusan de haber cometido el “delito” de instar a la unidad de España. Pues bien, aunque sea a título personal y sólo por saber que cada sorbo acrecentará el malestar y la pesadumbre de estos borricos, brindaré gustosamente esta Navidad con una copa de cava Freixenet.

-José Fernández-
