Productividad y reformas estructurales.
Cuando los desajustes que la economía española había atesorado comenzaron a aflorar, nos vimos envueltos en una crisis y posteriormente en una recesión. Llegados a este punto estimamos oportuno acometer una serie de reformas estructurales con el objeto de remodelar el sistema productivo para así, seguir satisfaciendo las necesidades del consumidor.
Tras analizar detenidamente los desajustes, observamos que la productividad no era óptima, por decirlo de algún modo, abriendo el melón de la reforma laboral. La reforma laboral, que mejora la productividad, lo hace principalmente, en el medio y largo plazo, pero necesitamos un plan de choque adicional para el corto plazo. Solo así aumentaremos la competitividad.
Sin embargo, es fácil caer en la trampa de aumentar la productividad por el denominador, esto es, despedir a trabajadores. Este aumento de productividad no es el que queremos, evidentemente, sino que debemos buscar el binomio: aumento de demanda de mano de obra – aumento de productividad, que como digo, tan difícil es a corto plazo.
La fórmula tradicional y fácil ha sido depreciar la moneda. Ahora estamos inmersos en una guerra de divisas que han agotado las posibilidades en términos monetarios. Además, la mayor parte de las exportaciones españolas van dirigidas a miembros de la Unión Económica, con lo cual, el efecto divisa es nulo.Esta medida ya no es válida, por ello considero acertada la reforma laboral, pero hemos de buscar algún incentivo adicional que la fomente a corto plazo.
-José Cristian Callejón Villalobos-
-Economista financiero-
@josecallejon91
