Relaxing café con mala leche
¿Y usted qué tal habla en inglés? ¿Lo chapurrea en plan “aiguanatiketukentaki”, o se expresa “properly” en plan “puedes quitar los subtítulos”? Me lo pregunto a raíz de todos los cachondeos que están apareciendo tras la infructuosa presentación en inglés de algunos miembros de la candidatura española a las Olimpiadas de 2020, como si aquí fuésemos todos bilingües a excepción de una pandilla de paletos que fueron de excursión a Buenos Aires como cuando Paco Martínez Soria hacía de alcalde que viajaba a Madrid buscando financiación para hacer un hotel en su pueblo (“El turismo es un gran invento”, Pedro Lazaga, 1968). En este sentido creo que Ana Botella, alcaldesa de Madrid, ha tenido intervenciones más felices que esa ya inolvidable y pintoresca referencia suya al “relaxing cup de café con leche en la Plaza Mayor”, pero la saña con la que se le está zurrando dista mucho de la alegre complicidad con la que se saludó, por ejemplo, la ristra de vírgenes y santos mencionados por el aclamado director Almodóvar (Peeeedrooo) a la hora de agradecer en presunto inglés su Oscar a la mejor película extranjera. Hay ridículos y ridículos. Pero lo relevante no es el dominio de los idiomas de los españoles, sino nuestra tendencia al cainismo. Si el acuchillamiento entre familias fuera deporte olímpico, España sería sede permanente del COI. Y así, se está achacando la responsabilidad exclusiva del fracaso en la candidatura de Madrid a los casos de corrupción del partido que sostiene al Gobierno, pero apenas se repara en que el funcionamiento de ese Comité es, desde hace décadas, barcenismo en estado puro. Cabría preguntarse si un país que no sabe reaccionar unido ante la contrariedad puede organizar algo que no sea una competición de tiro.

-José Fernández-
