Se acabaron las bromas: O Mas vuelve al redil o que se aplique ya el 155
Fuera bromas: Dígase ahora lo que se quiera, las elecciones autonómicas catalanas del 25 de noviembre fueron convocadas por Artur Mas en clave plebiscitaria. CiU quiso que estas elecciones giraran en torno al órdago lanzado por Artur Mas y fue un argumento común que los resultados que obtuviera esta formación validarían o refutarían esta pretensión. Las constantes invocaciones de Artur Mas a una mayoría absoluta para dar patente de credibilidad a su discurso rupturista apuntó en esa dirección desde el inicio hasta el final de la campaña.
Por consiguiente, no resultan creíbles las apelaciones de quienes ahora tratan de que analicemos los resultados electorales en clave partidaria interna. Artur Mas lo jugó todo a la carta del soberanismo, asumió encantado el papel de mesías que llevaría a los catalanes a la Arcadia independiente prometida y ha fracasado estrepitosamente en su aventura sediciosa.
No había razón alguna para finiquitar una legislatura de solo dos años salvo la de someter a plebiscito la gestión o no del camino al soberanismo por parte de CiU. Eso y la de evitar que los casos de corrupción que se apilan en este partido le estallaran a Artur Mas en medio del curso político.
Por consiguiente, Mas ha perdido y ha llegado la hora de que se reconduzca la normalidad institucional en Cataluña o de que se aplique el artículo 155 de la Constitución. Tal establece: “Si una Comunidad Autónoma no cumpliere las obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido, con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general”.
No caben pues medias tintas ni otra respuesta que no sea la exigencia a Mas de que se cumpla el principio constitucional de la unidad nacional. El dictado de las urnas obliga a Mariano Rajoy a plantear dicha exigencia en los términos más severos, echando mano del Ejército si fuera necesario y en la certeza de que millones de españoles, incluidos cientos de miles de catalanes, apoyarían esa medida, que está contemplada en nuestro ordenamiento legal.
Por otra parte, los electores catalanes no han querido abstraerse del cúmulo de corrupciones y latrocinios que han convertido la vida política catalana en una infecta cloaca. Los nacionalistas de CiU han dejado exánimes las arcas públicas. Han empobrecido a mayores y jóvenes. Han dilapidado centenares de millones de euros en subvenciones a inmigrantes de toda laya y condición. Han dinamitado las relaciones de muchas empresas catalanas con el mercado español. Han reinstaurado la cultura del ‘tupper’ en hospitales, centros de trabajo y hasta en los colegios. Han corrompido todo lo que tuviera un valor emocional o económicamente canjeable. Han islamizado una parte de Cataluña. Han polarizado ideológicamente a los catalanes. Han dejado sin futuro a miles de jóvenes. Han evadido fortunas a paraísos fiscales. Han arruinado a otras tantas miles de familias. Han subvencionado a vagos, subversivos y delincuentes. Han roto casi todos los puentes institucionales entre Cataluña y el conjunto de España. Se han lucrado y han culpado a otros de sus desmanes. Han acabado con la paciencia de muchos y con la libertad de aun muchos más.
Los electores catalanes han hecho fracasar a CiU. Es la hora de que los representantes institucionales del Estado rematen la faena y eviten que unos pocos sobrevivan económicamente a costa del empobrecimiento de todos los demás.
El ‘caso PxC’
Por otra parte, el segundo partido damnificado en estas elecciones ha sido la PxC de Josep Anglada, formación, imperio es reconocerlo, que ha sido apoyada durante años por este medio. Estas elecciones han demostrado que, para la mayoría de los catalanes, la primera identidad que cuenta es la de su pertenencia o no a la patria española. Los partidos que más han crecido, Ciutadans y ERC, son los que han expresado de forma inequívoca y terminante su pertenencia o rechazo a esa realidad común, sin equidistancias ni tibiezas.
Demostrado queda que el discurso antiinmigracionista no basta por sí solo para atraer a los electores catalanes. PxC tendrá que reorientar su estrategia, redefinir su discurso y aclarar si apuesta por el catalanismo, con todas sus consecuencias, o por sacar la bandera española del baúl de la abuela. Hubo una dirigente municipal de PxC que, en la manifestación de la plaza de Cataluña en favor de la unidad de España, evitó aparecer antes las cámaras de Alerta Digital TV para no soliviantar a sus posibles votantes nacionalistas. El ravellismo ha pretendido conjugar el agua y el fuego y ha hecho fracasar a su partido en esa estrategia sórdida y suicida.
En época de crisis, cuando están en juego tantos valores y tantos ideales trascendentes en Cataluña, la parte más caliente del infierno la reservan los votantes a quienes pretenden mantenerse en la equidistancia. Los magros resultados logrados por PxC no permiten efectuar otro diagnóstico si se quiere que el enfermo sane. Algo para que los dirigentes y las bases de Plataforma mediten muy en serio.
-Armando Robles-
