Sentimiento patrio
No han sido pocos los ponzoñosos factores que han provocado en el pueblo de España esa desproporcionada desafección para con la bandera que representa la ilusión y el fervor de una suntuosa cultura, orquestada por la solidaridad, el trabajo y el tesón.
Enlazar un sentimiento sincero de estima con una etapa caduca anclada en otro siglo, es errar en lo promiscuo, lo cual denota ignorancia o inquina. La ignorancia, abundante y difícil de erradicar, aflora como las malas hiervas en la mejor de las huertas, por eso debemos despojar al jardín de este escollo que lastra la cultura y el futuro. El segundo parámetro, avieso y torcido, repercute en lo más hondo de la persona, en la moral, en lo correcto o adecuado, ya sea por rédito político o por cualquier otro beneficio explícito.
La educación. Segregar el sistema educativo en 17 partes, es desmembrar una cultura compartida por el conjunto, dotando de mayor o menor oportunidades a los jóvenes y, sobre todo, ejerciendo cierta influencia o imputando mayor importancia a cada una de esas regiones sobre el resto.
Reflexiónese, para concluir, sobre el tejido impositivo que atenaza el bolsillo de la clase media, amparado bajo el nombre de España. Carreteras, colegios, parques, hospitales, puertos… infraestructuras imprescindibles para el desarrollo manchadas por la corrupción, donde convergen gobiernos de distintos colores, que empujan al pueblo a una situación de escepticismo sobre la importancia de contribuir económicamente y lo sumen en un desprestigio institucional generalizado. Estoy convencido de que hay una relación proporcional entre la simpatía hacia un pueblo y el pago de impuestos con el beneplácito de los contribuyentes, mientras que la corrupción degrada el afán de crecer como país y acentúa el desapego de la bandera.
¿Cómo es posible coordinar una empresa, partido político o nación, sin sentir verdadera devoción por aquello por lo que luchamos?
-José Cristian Callejón Villalobos-
-Estudiante de 3º de Finanzas y Contabilidad-
