Títeres o personas
De manera muy reiterativa, hemos de afrontar disyuntivas de este calibre y características similares. Esta de hoy arranca de la íntima realidad personal y marcará las actuaciones futuras de cada sujeto. Los hilos de los diferentes manejos son muy alargados, lo apreciamos a diario, con muchas derivaciones, y pocas de ellas de carácter encomiable. Aún no hemos comprendido, que el núcleo personal, su carácter y sus decisiones, nunca podrá ser sustituido por factores externos; de ahí la importancia de plantearnos el dilema, repercutirá en las responsabilidades futuras.
Como primer escollo, ¿Qué tan escurridizos son sus recuerdos? Pronto descubrimos su almacenamiento en un recinto de acceso muy complejo. Con la voluntad y el entrenamiento, sólo conseguimos abrir puertas exteriores; sin embargo, las dependencias interiores están organizadas de manera peculiar y misteriosa. El reflejo de las vivencias anteriores está disperso, disimulado e incluso las presenta deformadas o desaparecidas en esos fondos. Para cada persona, el RECURSO de los recuerdos muestra perfiles un tanto caprichosos; surgen de manera inesperada, persisten largo tiempo o incluso desaparecen, sin miramientos. Quién sabrá por que mecanismos fluyen. Malo sería recordarlo todo, como le aconteció al borgiano Funes el memorioso. Ahora bien, eso de no disponer libremente de sus contenidos, no deja de ser una servidumbre enojosa. El uso que hagamos de ellos abre otras expectativas.
En la actualidad, nos dirían que no es necesario el recurso de los recuerdos, basados en la abundancia de bases de datos y buscadores cibernéticos eficaces, con los que es posible alcanzar casi todos los REGISTROS. Son evidentes los progresos en estos mecanismos de búsqueda, para localización de fechas, nombres, conceptos, documentos u otras referencias. Tan es así, que llegamos al extremo de movernos en una sobreabundancia, convertida en sí misma en una maraña enturbiadora, pues llega a dificultar el posible análisis del contenido de los registros. Tampoco resulta fácil el deslinde de los datos fidedignos, lo de mejor calidad; mezclados como están con otros contenidos de poco fondo y mucha apariencia. Si añadimos los datos tendenciosos, los francamente maliciosos y los silencios mal intencionados, muy abundantes en las diferentes redes; veremos como las grandes acumulaciones de referencias y datos, no solventan con su presencia la disyuntiva encarada a las respuestas personales.
Aunque lo sepamos de sobra, no atinamos a darle la suficiente importancia a las deficiencias de la trama de los recuerdos, a la suma imponente de tantos datos aislados. Por de pronto, todo eso va por un lado y cada persona piensa a través de sus caminos particulares. La simple acumulación de referencias servirá de muy poco e incluso llegará a ser perjudicial para la entidad del individuo. Faltará el sedimento, el reposo y la asimilación propia por parte de cada sujeto. En eso radica precisamente la auténtica MEMORIA, única manera de pasar por la criba humana a la serie de notas abrumadoras, con frecuencia manipuladas por diferentes interesados. No se trata sólo de un dato o de un recuerdo. Una vez captadas y asimiladas sus rememoraciones, será posible una proyección a través del prisma personal; sólo entonces. De lo contrario, el conjunto no pasará de constituir una vorágine sin sustancia; de la que oteamos en el horizonte demasiados ejemplos degradantes.
Mencioné el silenciamiento de ciertas circunstancias conocidas, y bajo su escaso ruido de apariencia plácida, ejerce como uno de los peores enemigos de la libertad personal. Enmascaran la realidad a base de un SECTARISMO interesado en el desarme de la autonomía personal al no comunicarle determinados conocimientos. Si fuera sólo un olvido natural, desaparecería su sello malicioso. Comienza en cada sujeto portador de ánimos tendenciosos, de los cuales, el anonimato es un primer escalón; oculta a las personas actuantes, cortando así las conexiones existenciales. La relación entre las personas queda mutilada. Los engaños intensifican el silencio comunicativo, añaden ocultamientos de conceptos o hechos, y tergiversan así la realidad. Agrandan considerablemente su impertinencia al recibir la fuerza de grupos sociales consolidados en instituciones u órganos de gobierno. ¿A quién recurrirá la persona que precise conocimientos en poder de esa trama? La eliminación de dichos puntos de apoyo es flagrante.
Si bien es cierta la necesidad de organizaciones y proyectos en común, por que la envergadura de los retos lo requiere de esa manera; eso no equivale a dar por correcta cualquier estrategia, menos aún, si estas atropellan a las personas consideradas como entes individuales. Hablo del mal fario padecido en estos tiempos de conductas globales, que tristemente podemos traducir como de un servilismo estúpido de las personas. Al son de unas instituciones contrarias a los anhelos individuales. Si realmente funcionaran al servicio de los bienes comunes, todavía tendrían su lugar algunas consideraciones atenuantes. Pero, los EXTRAVÍOS políticos o de la gestión de bienes públicos, alcanzan tales magnitudes y son tan frecuentes, que resulta raro algún gesto franco a favor del ciudadano corriente. En el caso de observar ese gesto, suena a tomadura de pelo, visto el desparpajo utilizado en tan variada serie de abusos. El descarrilamiento de las gestiones mencionadas, no apunta al ejercicio pleno de la autonomía de cada personalidad, los indicadores apuntan a nuevos modelos de muñecos manejados con hilos perversos.
Los diferentes sectores de la información, que son numerosos y no domina entre ellos la transparencia; transmiten una serie de conocimientos vitales. No me centro en el periodismo, que también, así funcionan las estadísticas organizadas por las grandes empresas e instituciones, adobadas para sus intereses; la captación de datos de los ciudadanos, de manera taimada y sin permiso, para transvasarlos a otros proyectos, como si fuera lo más natural; enormes titulares e imágenes que desdibujan las repercusiones sobre los individuos en particular; en los mismos partidos políticos hablan los consensos de los líderes, mientras los afiliados permanecen en la recámara. Las evidencias son nítidas. La presencia del ciudadano corriente es en realidad una ausencia manifiesta. Son los PERJUDICADOS cuando vuelan las diferentes alimañas informativas. Tampoco estamos ante una exclusiva de la modernidad, los poderosos de cada época parecen los únicos protagonistas. No son novedades estrictas semejantes procedimientos, pero extrañan estas formas cuando disponemos de las mejores técnicas y conocimientos. O eso parece.
Nadie es neutral ni impasible del todo. Pocos son guerrilleros aferrados a causas extremas o fanáticas. No es aceptable la manipulación de la realidad personal por gentes extrañas. Al aceptar esas artimañas, estaremos perdidos como entidades particulares. Parafraseando a Borowski, cabrá la PROCLAMACIÓN de unas autonomías auténticas para cada ciudadano. No habrá verdades de prestigio, mientras no se cuente con las personas. No puede haber belleza si la articulamos a la par del desprecio y opresión dirigidos sobre los humanos. Es un escándalo hablar de éticas y bondades, cuando estas pasan por encima de los perjudicados. Ahora bien, ¿El progreso anula este conjunto de consideraciones? ¿Damos por buenas la sofocación y el aplastamiento reiterados de unos sobre otros? La dejadez libera espacios para usos manipuladores. Al transigir, convertimos al pataleo posterior en algo irrisorio.
-Rafael Pérez Ortolá-
