¿Y los cien días de Rubalcaba?
El que se fue a Sevilla está perdiendo todas sus sillas. Desde el cónclave de febrero, Rubalcaba se enfrenta al guirigay interno y al fantasma de la señora Chacón. Primero fueron Madrid y Galicia y ahora ha sido Valencia, donde los peones de Carme han hecho morder el polvo a Alarte. El líder socialista debería recordar la observación de Andreotti sobre lo mucho que desgasta el poder sobre todo a quien no lo tiene, y eso que la erosión que está sufriendo Rajoy es fina.
Pero han transcurrido los cien días de gracia que merece toda oposición y no acaban de encontrarse a sí mismos. Por tres carencias: la de líder, la de estrategia y la de norte. La de líder, porque eligieron más de lo mismo y está siendo ampliamente contestado. La de estrategia, porque el mero tachar de falta de credibilidad al PP carece, a su vez, de credibilidad. Pero sobre todo carencia de norte: lo que más les falla desde que el agua de Suresnes descafeinó el producto y la brújula socialista no es de derechas ni de izquierdas, sino de las grandes superficies.
Si preguntáramos a un observador externo por las ideas del PSOE, no sabría a qué carta quedarse. Salvo que considere que el mimetismo es una idea. Es lo que hicieron camuflándose de nuevos ricos con la biutiful; o de superabertzales para competir con los nacionalistas en el País Vasco; o de neocaciques para mantenerse en el cortijo andaluz. Ese discurso camaleónico fue perfecto para ZP confundido en el paisaje. Del socialfelipismo se pasó al socialfrikismo. Y al mantenimiento en el poder de un vendedor de humo que tuvo la pretensión de pasar a la Wikipedia sin salir de La Moncloa. Desde que ZP se fue a contar nubes no hemos visto ni una sola propuesta de la oposición, ni una iniciativa, ni un programa. Más allá de la crítica –cómoda crítica– a quien le ha tocado bailar con la más fea.
-Alfonso Basallo-
