Cuando no elegir es elegir
Admito que es mucho más divertido especular sobre el contenido de las conversaciones que se están produciendo bajo cuerda para perfilar la composición de los futuros gobiernos municipales, aventurar nombres, nombrar cargos, formar gabinetes y deshacerlos después, en el siguiente giro de la conversación. Igual que todos llevamos dentro un entrenador capaz de resolver de un plumazo los psicodramas de cualquier presidente caprichoso, no hay almeriense que no crea manejar los resortes del juego y el buril del artesano que fabrica a mano las piezas de estas partidas. Luego pasará lo que tenga que pasar y, como decía Borges, “cuando los jugadores se hayan ido, cuando el tiempo los haya consumido, ciertamente no habrá cesado el rito.” Y como dentro de unos meses tendremos vuelta a las urnas, dejemos por un momento las cábalas para centrarnos en la realidad del dato. Al fijarnos demasiado en el conteo de concejales y sus posibles combinaciones estamos despreciando un dato tan determinante como el de la participación en estas elecciones municipales almerienses, en las que la abstención ha rozado el 40%del censo electoral.
Todos somos libres de escoger nuestro propio destino y habrá que respetar (aun sin compartir) que la no elección también sea una forma de elección. Sin embargo, esta actitud no termina de encajar bien en ese pregonado y asumido discurso de hartazgo y ansias de cambio y necesidad de transformación social y todos esos etcéteras que los más pluscuamperfectos no dudan en denominar, con indómita cursilería, “tiempo nuevo”. Si todo es pésimo, si todo falla, si nada funciona, si nada gusta y todo está llamado a renovarse, ¿cómo se entiende que la gente no acuda a activar esa transformación voto en mano? Habrá que ampliar entonces el descrédito que se ha extendido sobre la llamada “clase política” al conjunto de la ciudadanía.
Al final vamos a tener, exactamente, lo que nos merecemos. Ni más ni menos.

-José Fernández-
