El gin-tonic como metáfora electoral
En sus orígenes, el gin-tonic no fue más que el resultado medicinal de intentar hacer más apetecible el agua tónica que los médicos recomendaban tomar a los británicos en la Indiapara disipar el peligro de las fiebres. A principios del siglo pasado, la ginebra no era una bebida popular entre las clases más acomodadas hasta que su uso como remedio para disimular el sabor de la tónica acabó propiciando el descubrimiento de la que, probablemente, sea en la actualidad la combinación por excelencia. Qué digo combinación: el gin-tonic ha acabado convirtiéndose en una teoría sobre los estilos de vida modernos. Somos así de idiotas. Proliferan los locales con amplia carta de ginebras especializadas, aromatizadas tónicas y todo tipo de aderezos que, en manos de cualquier insensato, acaban convirtiendo en ensalada lo que originalmente era una copa agradable.
Pero volvamos a los orígenes. No se puede hacer un gin-tonic con otra cosa que no sean esos dos ingredientes, sin mezclas extravagantes o formulaciones experimentales. Siempre me ha parecido irrespetuoso arruinar el trabajo de los maestros destiladores “perfumando” ginebras con aromas frutales u otros trastornos impropios del sentido clásico y el sentido común. Y lo mismo que pasa en una copa larga pasa en un equipo de gobierno municipal.
Tras los resultados del pasado domingo en Almería capital, estoy leyendo y escuchando formulaciones que, aplicadas a la barra de un establecimiento razonable, supondrían el inmediato despido del barman por lunático. Los experimentos se hacen con gaseosa y aun así hay que tentarse bien la ropa antes de innovar con mezclas explosivas. Otra cosa es lo que luego determinen los negocios y los pactos concretos pero, por el bien de las paredes gástricas del edificio municipal, esperemos que impere la tónica habitual en estos casos y que nadie se salga de la proporción y la medida: los que tienen trece, los que tienen nueve, los que tienen tres y los que tienen dos.

-José Fernández-
