La creciente promesa del presidente
Como uno anda todavía entumecido por la reciente confirmación de un descenso de categoría que venía apuntando maneras desde el comienzo de la temporada, sigo con dolorido interés las noticias que aparecen estos días sobre la UD Almería y su futuro, quizás como paliativo del minué de afectación y expectativas que se dibuja (con repetitivas rayas rojas) sobre el panorama municipal almeriense.
En estos días se ha visto al presidente del equipo, Alfonso García, absorto y caviloso sobre el porvenir de la plantilla y cuerpo técnico, enzarzado en sombrías conversaciones consigo mismo acerca de los proyectos y las ciudades deportivas. Hacer un equipo para conservar la categoría o uno que pelee por la vuelta a Primera. Salir a empatar o ganar. Conservar o arriesgar. La eterna duda del que se juega su propia pasta en la jugada.
A dos pasos por detrás, la prensa ha aguardado con respetuosa expectación la noticia sobre su decisión, igual que los moritos esperaban agazapados en la duna a Peter O’Toole en“Lawrence de Arabia” esperando su determinación sobre atacar Aqba o no. Y parece que el presidente se ha incorporado guerrero y anuncia que va a pelear por volver a Primera. Me parece muy bien eso, como también me parecería estupendo lo contrario.
En todo caso me permito el atrevimiento de erigirme en portavoz de lo que todo el mundo ve y nadie quiere decir para sugerir respetuosamente al presidente García que su primera decisión de calado no afecte a su despacho o al vestuario, sino a la peluquería más próxima. Esas guedejas albinas con las que últimamente se deja ver y que empiezan a asemejarle con uno de esos ex asaltantes al tren postal de Glasgow que se jubilaron en Mojácaraprovechando el ventajoso cambio entre libras y pesetas deben tener, imagino, un origen más votivo que estético. Por lo tanto, una vez malograda la salvación del equipo, ya no hay motivo de mantener tan prolongada promesa. Así que, por lo que valga, Alfonso, pélese. Si quiere, claro.

-José Fernández-
